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El carisma septicentenario de la Orden de la Merced ha sido la libertad de los cautivos y en la vivencia de este carisma, la Orden ha desempeñado un trabajo pastoral redentor en diferentes centros penitenciarios en todo el mundo. La experiencia ha demostrado que tratar de redimir a los delincuentes es una tarea sin fin mientras no se combatan las causas de la delincuencia.

 

Una de estas causas es la orfandad y el abandono que sufren algunos pequeños quienes crecen abandonados en las calles de nuestras ciudades sin recibir atención ni la oportunidad de una educación formal y tienden, en muchos casos, a convertirse en delincuentes, seres nocivos para sí mismos y para la sociedad.